Oda al amanecer

Esa quebrantable línea que mantiene a los días separados uno del otro, el descanso que conviene a la separación de estos. Por mi parte, me encanta alterar la sensación y continuar el domingo en la noche hasta el lunes al mediodía, sin notar que es una nueva semana, que es lunes o jueves, como lo confundirían mis gatas.

Para los gatos, parece ser que todos los días son iguales, al menos en el trópico y exceptuando las oscilaciones de los días lluviosos o muy soleados. Un rato es de noche, que son 12 horas y otro rato está más claro y hay más ruido, también 12horas.

Yo, me despierto y hay luz y ruido en la calle, pasa un buen rato hasta que vuelve a estar oscuro y otro para que cese el ruido, continúo y está oscuro y en silencio, continúo y aparece el ruido tan pronto, luego la luz. Está en apogeo la luz cuando me quedo dormido, las gatas ya duermen. Me despierto de nuevo y esta vez está oscuro y sin ruido, al rato vuelve la luz, no importa, esperaré hasta que vuelva a estar oscuro, se va la luz y con ella mis ganas de seguir esperando, me duermo. Me despierto de nuevo, está aún oscuro pero pronto empieza la luz, el ruido ya estaba.

Así son todos los días, a mí me parece que está bien separar los días por esa franja de tiempo ralentizado, cuando el sol está encima de todos, me parece más simbólico, para mí ahí se cumplió el tiempo para hacer lo planeado, empezó un nuevo tiempo. Lástima que no es tan conveniente para un mundo que vive aún en el día, donde la noche es el tiempo extra y nadie tiene ni el tiempo base ni el extra para hacer cualquier cosa. Tanto hacer para el final no hacer nada.

A mí me encanta aunque no es lo que más hago esperar el día despierto, romper esa franja entre el domingo y el lunes cuando son las 6 de la mañana y la gente empieza algo, algo en sus mentes, se siente que empiezan algo, cuando yo estoy al final. Eso me encanta.

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