Camarón que no se esfuerza, llega bien lejos

El esfuerzo, tan sugerido y sobreestimado como todas las cosas útiles que dan resultados a los temerosos mediocres.

¿Lo han sentido acaso en su esplendor de dolor y desesperación? Al menos reconozco lo siguiente que se le conecta: Tiempo, frustración, dinero, grandeza, esclavitud, poder y el precipicio de la muerte.

Recuerdo unas contadas veces en que lo experimenté con tal tenacidad que me temblaban las piernas y la voluntad, quería mantener el equilibrio y mantenerme en marcha al mismo tiempo que lo acusaba de un despropósito, como motivado por otra idea obstinada alojada parasitariamente en mí, lanzándome a lo inútil de mis esfuerzos. 

Ahora pienso en que deseo experimentar el dolor para regresar al confort de librarme, cual adicto con su primera dosis de recaída. 

¡Qué inseguridad la que me embarga hoy! Tanto sufrimiento ajeno y en vano, quiero ponerme los ojos del arte para apreciar lo sublime del sufrir y disfrutar una cosa más de estar vivo y así ganarle terreno a la muerte, resistir también esfuerzo tiene, pero hay quienes no resisten, son como hoja en riachuelo entregada a la suerte del viento y la corriente.

 

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Oda al amanecer

Esa quebrantable línea que mantiene a los días separados uno del otro, el descanso que conviene a la separación de estos. Por mi parte, me encanta alterar la sensación y continuar el domingo en la noche hasta el lunes al mediodía, sin notar que es una nueva semana, que es lunes o jueves, como lo confundirían mis gatas.

Para los gatos, parece ser que todos los días son iguales, al menos en el trópico y exceptuando las oscilaciones de los días lluviosos o muy soleados. Un rato es de noche, que son 12 horas y otro rato está más claro y hay más ruido, también 12horas.

Yo, me despierto y hay luz y ruido en la calle, pasa un buen rato hasta que vuelve a estar oscuro y otro para que cese el ruido, continúo y está oscuro y en silencio, continúo y aparece el ruido tan pronto, luego la luz. Está en apogeo la luz cuando me quedo dormido, las gatas ya duermen. Me despierto de nuevo y esta vez está oscuro y sin ruido, al rato vuelve la luz, no importa, esperaré hasta que vuelva a estar oscuro, se va la luz y con ella mis ganas de seguir esperando, me duermo. Me despierto de nuevo, está aún oscuro pero pronto empieza la luz, el ruido ya estaba.

Así son todos los días, a mí me parece que está bien separar los días por esa franja de tiempo ralentizado, cuando el sol está encima de todos, me parece más simbólico, para mí ahí se cumplió el tiempo para hacer lo planeado, empezó un nuevo tiempo. Lástima que no es tan conveniente para un mundo que vive aún en el día, donde la noche es el tiempo extra y nadie tiene ni el tiempo base ni el extra para hacer cualquier cosa. Tanto hacer para el final no hacer nada.

A mí me encanta aunque no es lo que más hago esperar el día despierto, romper esa franja entre el domingo y el lunes cuando son las 6 de la mañana y la gente empieza algo, algo en sus mentes, se siente que empiezan algo, cuando yo estoy al final. Eso me encanta.

Laberintos incansables

Estoy en un dilema temporal. Deseo tener más tiempo, para hacer muchas cosas, pero al mismo tiempo que tengo más tiempo más perturbado me pongo, al no tener algo que distraiga mi mente, algo que hacer que esté por fuera de lo que quiera hacer, algo que me deje un rato sin conciencia, automático sin reflexiones, las reflexiones comienzan a carcomerme.

Sospecho que es asunto de no tener eso llamado como paz mental, algo me impacienta. Y bueno, qué debería hacer? Hago lo que quiero y no me satisface, me empuja al vicio y la holgura, la meditación inútil y al cancer mental, comienzan a evolucionar un montón de pensamientos defectuosos y dañinos.

Sálvame trabajo asalariado!

Tengo miedo

. Mi miedo no es el temor por perder la vida y ese pánico, el mío es por desperdiciarla. Son las 4 de la mañana y en pocas horas llegará mi amada a mi casa y no sé si estaré preparado para verla, quiero absolverme antes de, quiero atar ese cabo y estar libre de pensamientos para para ella. Sin embargo si llegase y aún no culmino no pasa nada, seguiré por debajo intentando atarlo, casi imperceptible, no te darás cuenta cuando voltees a ver la ruta de Transmilenio, cuando gires a buscar el mundo, vayas al baño o después de un orgasmo. Pensarás que son mis irrenunciables distracciones y que no te pongo cuidado culpando mi narcisismo. Amor, si supieras mi miedo por tantos cabos sueltos, temo algún día una borrasca me desate en vuelo y pare en un pantano o cualquier otro jodido final ¿Cómo saldré de allí? ¿Cómo vendrás? Tengo miedo de las turbulencias que se cocinan cuando estoy tan ido, tan aburrido que me permito... Tengo miedo de una vasectomía, tengo miedo de que estés con otro, tengo miedo de irme de Colombia y también de hacer lo mismo. Tengo miedo de mi edad, por mis madres tengo miedo, del profundo sueño, del mundo entero. No sé si aprendí a nadar o si son pataletas de ahogado, sin tiempo para pensar o mucho tiempo despilfarrado.

¿Quién es vuestro reflejo en el charco o en el espejo?

¿Quién es vuestro reflejo en el charco o en el espejo? Te acecha un espectro que te mira desde dentro. Revisa entre tus sesos de qué estás hecho. Te veo viendo muy atento, con los ojos entreabiertos para no ver los defectos, te mientes en la reflexión, la luz parece de otro color. ¿Quién eres tú o quién soy yo? El que conduce la creación, el que escribe pensando en los dos, el que tiene el puñal y el corazón. Soy tú o eres yo, quien nos puso de cara a los dos. Quién hace la mueca y la mirada inquieta, quién se representa en la otra parte, quién es la copia de los detalles. ¿Quién me está mirando del otro lado? Quién se aprende todos mis rasgos. Quién no deja de observarnos, ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué me miras tanto? ¿Qué es lo que haces con las manos? 

Me estás acechando a cada paso, me observas cuando no me doy cuenta. Me copeas cada mueca, me repites cada detalle de mi jeta. Te ríes con mi mismo ademan, mofándose de nuestra realidad. Me persigues a las espaldas, de frente me miras la mirada. Respiro y respiras, eres como un susurro en mi vida, que se repite si repito,  escribo y son tus palabras las que transcribo. Es mi rostro en los rasgos de los otros, son mis ojos como cristales hechos polvo. Me están dejando solo, el espejo se está volviendo loco. Me están hablando todos a la vez y a ninguno puedo entender, señalo aquel que no me ha dejado de ver. Atestiguo mi ser, un renglón a la vez. Se diluye la máscara y de mi cara no queda nada, el maquillaje no cubre las lágrimas.

¿Qué me ves? Te me pareces aquel que conocí alguna vez. Sonríes como si fueras a llorar, una herida que no deja de reír.  JAJEJI… no te rías de mí. Por fin me miras a mí, ¿qué es lo que me quieres decir? Es una broma lo que siento por ti. No quiero ser feliz, pero espero aún poder sonreír. ¿Crees poder reír? Olvidaste cuanto llore por ti. Me obedeces a mí, soy yo el que te controlo a ti. Deja de mentir, el control ya lo perdí. No puedo seguir, la fatalidad me obliga a proseguir. ¿Me estás hablando a mí? Pero solo el eco alcanzo a oír. ¿Qué es lo que me estoy queriendo decir? No entiendo mi letra, ni mis propias ideas. ¿Quién es quién me piensa? Los subtítulos están en otra lengua. En la pantalla del televisor un único canal es mi visión, estática de otro color, las formas se evaporan a la luz del sol.

No me reconozco en las fotos, un álbum lleno de despojos. Los recuerdos tatúan mi cerebro, tallados en mis gestos. Me estoy desconociendo y cada día entiendo menos. Soy yo viéndome de lejos actuando como todos ellos. Eres tú controlando mi cuerpo y yo respondo a cada uno de tus movimientos. Reacciono lento a tus deseos, es mi voluntad la que voy perdiendo. Soy ajeno a mis pensamientos ya no sé qué es lo que estoy sintiendo. Me sigo moviendo por inercia del reflejo, dentro de un prisma de espejos mi verdadero ser se está perdiendo. Soy todos ellos, pero ninguno me conoce por dentro. El karma es como aquel espejo que retiene el reflejo de tus ancestros. Repito sus muecas y en mi cara se graban sus tristezas.

¿Por qué me miras de esa manera? Al final del pasillo se abre una puerta, un retrato en la cabecera. Unos ojos que inquietan espían mis parpados cerrados, las ventanas han claudicado, la luz nos ha encerrado. Refracción del sol, debajo del  agua puedo verlo mejor. Ese de ahí No soy yo… que has hecho con mi verdadero yo. Cautivo en mi cerebro, soy el reflejo del mundo entero. Me persigo en los espejos a ver si me reconozco entre ellos. Cambia mi posicionamiento si me acerco al espejo de mí me alejo. Son mis defectos proyectados en los espectadores ciegos. Es un lienzo transparente y negro, traslucido es mi cuerpo y puedo ver de qué está hecho.

¿Por qué haces esa cara? ¿Qué es lo que te pasa? Me reclamas usando mis propias palabras, eres como el muro donde se estrella mi cara. No cabemos los dos en la cama, tenemos que decidir quién muere en esta batalla. Como viñetas son mis ideas, las palabras las colorean. Mi historia la cuentan los espejos, en la corriente podrás ver mi reflejo. Me Meta Morfeo cada que cambia mi aliento. Me juzga el tiempo, en el charco me vuelvo viejo. Escupo al cielo, se devuelve todo lo que he hecho. Causa y efecto, yo cóncavo y tú convexo, son nuestros ojos viéndonos como olvidamos la imagen de nuestros cuerpos. Desolado espejo hecho de carne y hueso refleja un espíritu eterno.   

Sin cigarro

Diga lo que diga la filosofía,

La vida sin cigarro no valdría.

Elogio a la mentira,

El cigarro es como la vida,

Falsa en sí misma.

 

Cigarrillo que reemplaza los suspiros,

Aire contaminado de nostalgias.

Remedo de contradicciones vivientes,

Ilusiones de la mismísima nada.

 

Erguidos animales, bestias responsables.

El absurdo nos obliga a recorrer un camino de cristales.

Unos se arrastran, los otros saltan.

Como un niño que reza a sus dioses de la infancia.

 

La humanidad es un niño encerrado en el sótano de un pederasta,

Al que se le ha dicho que afuera existen monstruos que devoraran sus entrañas,

para su salvación es necesario una mamada,

para su perdón debe arrepentirse de su propia nada. 

Pensamientos de una cigarrillo

Hace ya bastante tiempo no se aferraba la tristeza a mi vello púbico de esta manera. Se filtra por mis poros hasta lo más profundo de mis venas. Un tenue ardor en la garganta acelera una ulcera atroz que me revuelca lo sesos. El cielo conspira para ahuyentar todas las brisas de oriente, y en este rincón oscuro un cruel silencio impide que el viento se lleve la arena del tiempo, y me auxilie con el cigarro eterno que de un suspiro incinera mis anhelos. La flema corrosiva me asfixia y el aire no oxigena mi cerebro, paso saliva y la náusea reflexiva permite a la melancolía escribir su agonía en mediocres versos. Sutil monotonía que sigilosamente se cola por la fila que espera la muerte, y yo me muero de ganas por volverte a verte, o al menos algún día poder verte. Tiemblo como un asesino condenado a muerte, mientras escribe su carta de suicidio sin poder hallar las palabras que justifiquen su destino. Como ya es costumbre revuelco en el cajón de los recuerdos, con la esperanza de encontrar uno que respalde la idea de seguir viviendo. Estás viva o al menos eso parece; y ese hecho me reconforta el pecho y mi corazón sigue palpitando lento. Mis dedos sobre el teclado sangran al más leve contacto y se cansan de escribir "te amo" con religiosa obsesión de un Dios con vagina y cachetes colorados que me ha llevado al margen del desesperado. Si tan solo supiera de que está hecha, podría imaginar otra vida lejos de ella. Su veneno mortífero me ha vuelto un adicto al dolor de la existencia. Solo ella tiene la cura para sanar esta herida infectada que todas las noches derrama pus en las sabanas. Arroje a un cesto de basura los trozos de mi alma, pero hasta los gusanos repudiaron su sustento, permitiendo que mi cuerpo se pudre con los días inertes. La tierra dejo de girar el día que tú decidiste de mis terrenos desertar. En esta parcela de nada, me quede como una piedra que olvido reír y llorar. Por una angosta fisura, una hemorragia avista las últimas gotas de sangre que le quedan al ser que un día fue de carne. Exudo los fluidos que compartimos y la imagen de mi semen resbalando en tu ombligo esclarece que nuestra eternidad fue tan efímera, como el esperma que se evapora en tu vientre virginal. Todo cambia, pero yo me empeño en conservar cada cosa en su lugar para el día que tú decidas regresar. 

En un lago de ensueños yo me sumerjo

En un lago de ensueños yo me sumerjo. Floto guiado por el viento, en la superficie de un charco de lamentos. Camino sobre el agua, es mi sed que no se sacia. Una isla que se aleja pero mi alma se queda quieta. Un eucalipto descalabra mi delirio. De un árbol sin copa se ahorcan las hojas. Las nubes lloran, pero sus gotas no me tocan. Metáforas como personas, caminan tras las horas. Una muchacha trota para no hacerse gorda. Un parque siempre a solas, una anciana en una silla se vuelve loca. Los muchachos caminan con sus cigarros para escapar del trabajo. Una mente en pedazos se desgarra en quebranto. Una cometa se hace vieja en una enredadera. Unos tristes zapatos sobrevuelan el asfalto en un poste no tan alto. Un hombre se equilibra en un cable de energía. De a tumbos caminar mi vida, como un borracho persiguiendo esquinas. Una luz me ilumina, el sol por las nubes se filtra. Quiero levantarme y enfrentar a la vida, pero la desidia me tiene boca arriba. Las moscas bailan sobre mi boca y escupo una mariposa. En un lecho de hojas, boca abajo espero a que me recojan. Un cigarro entre mi boca para que arda la poesía que me ahoga. Inspiración hecha humo, para rozar un astro diurno.  

Quieto y arrodillado me abrigo de la fría noche

Quieto y arrodillado me abrigo de la fría noche,

mientras consumo el vicio que acompaña la soledad

de un alma delirante que atestigua la oscuridad.

Acurrucado con mi cabeza en la mitad de mis piernas,

contemplo la hierba que baila con la brisa, sin ritmo ni compás.

Una helada sentimental se cola por la entrepierna

y llega al vacío donde acostumbraba estar mi corazón

antes de haberlo perdido en la apuesta del amor.

Luego de que el frío privara mis sentidos,

cada átomo de mí se une a la danza de la brisa anarquista,

comienzo a temblar voluntariamente y tartamudeo silenciosamente,

como para darme calor, como para abrigarme de este frío desamor. 

Darse cuenta que la tormenta ha menguado

Que apenas un roció humedece los labios.

Y aún sentir la frialdad del tiempo

Ese tiempo que solo existe si hay alguien observando

Y como yo he fijado la mirada en otro lado,

No me doy cuenta del cabello largo y el caminar cansado.

Sentir el espíritu álgido urgido por calor

y no poder recibir los rayos del sol

Gotas escurren por mi ropa,

Mientras rozan con el vello que florece en la piel.

El pellejo como una prenda de pudor y pena

No me cubre la sensible carne que se pudre de hambre.

Sin cigarro aún exhalo bocanadas de humo,

Del aliento de mi interior que se estrella con lo de afuera

y se evapora en su ascenso al cielo, como huyendo del suelo.

Envejecer solo en un recuerdo de algo que no existió

y rehusarse aceptar la realidad, esa misma que no se puede asegurar.

Se entrecorta la respiración y los pensamientos son intermitentes,

Aparecen y desaparecen en la profundidad de mi mente.

La neblina se torna densa y la brisa ahora es negra.

Una ventisca de ceniza cruza el pantano, y con él un vestigio humano.

Olvidar al mundo detrás y creer que se gravita la nada en soledad.

Aspirar la compañía, esperanzado algún día confesarme ante unos oídos

Para comprobarle a la natura, que también soy un costal de carne y hueso más

Que se pudre en este astro, comiendo, durmiendo y cagando.

Ahora que ha escampado y las gotas se detienen en el espacio

Puedo deslizarme hasta la hoguera de tu entrepierna,

Frustrado soy consciente que me aleje tanto, que ya no puedo volver a ningún lado   

Que la vida he perdido desde que nací, porque mi único destino es morir.

Tener la sensación en los bolsillos de haber perdido algo muy íntimo

Y sentirlo aun aquí, tan presente como el ahora,

Que se escapa grano a grano, gota a gota.

Como cuando se pierde las llaves de la choza.

He imaginar que aún gravitan en algún lugar

sin razón de ser, porque su único sentido era custodiar

la puerta intrínseca de la soledad.

En un cajón hermético guardo los recuerdos

Para que el tiempo no los borre con el viento.

Un tesoro escondido cuyo único acceso

Era el contorno de su espectro,

Como una llave en donde cada diente se ajustaba perfectamente

A la hendidura del cerrojo de la cárcel,

Donde me han recluido por querer ir a contra corriente

Y no bastarme la lógica de las gentes. 

Son las horas cualquiera

Son las horas cualquiera, de un día cualquiera, de un mes cualquiera en un año cualquiera. Sea como sea de nuevo me veo sentado meditando cada palabra de una carta remitida a ningún lugar, que no escribo pero que pienso, que no empiezo pero que termino, con la misma sensación en el pecho, con el cuerpo tiritando de frío, con el alma desvanecida en un nocturno roció.  Hoy es viernes, no sé qué significa pero lo siento, pues soy más sentimiento que pensamiento. Quiero hablar con alguien, pero alguien no quiere escuchar. Un interlocutor inexistente permite con la vida dialogar, le pregunto ¿qué piensa? ¿Qué siente? ¿Qué quiere? ¿Qué necesita?, pero en silencio me responde en cada palabra del sonido sórdido de la naturaleza. Miro el reflejo de reojo, por si se mueve solo, me permite vislumbrar de afuera para dentro; el maldito yo que germina adentro. ¿Seré un numero o una letra? ¿Seré yo el mismo yo con el que hablo yo? ¿Ser o no ser? Dicen que es la cuestión, pero yo aún me pregunto, ¿así lo quiero yo? Me prometí no caer en mis propias palabras, acepte de entrada la contradicción del oxímoron, del SER sin ser, de la mutabilidad inmutable, de la igualdad desigual, del TODO en la NADA.  Pero aún sigo dividiendo mi vida en dos. Y ese uno que sumaba ese dos, desapareció. Ya no estás y no hay nadie que ocupe tu lugar. No porque seas tú, sino porque ya no hay “tu’s” que acompañen mis “yo’s”, y mi ser deja de ser, en esta soledad donde tú no estás. Salgo por la puerta, pues de la ventana hoy no me apetece saltar (lástima que al paraíso se vaya dormido y en un agujero oscuro en el infinito) Camino con prisa escapando del destino, la muerte me ha fijado una cita a la que nunca asisto. “Como aquella vez que conocí el amor, tarde roja de un cielo sin sol, en el que aquella flor broto en medio de un callejón, contaminando de polen el hollín de todo el rededor, mientras mi corazón se paraba y sin respirar inhalaba el perfume primaveral del sudor de su excitación, al ver su gesto con el que detenía aquel bus de aquella estación, que me esperaba como una meta donde todo comienza. Yo me quede parado imaginando, como sería la eternidad a su lado. Y en un segundo, pude superar la soledad de Dios y fundir mi éter universal en aquella carne mortal ¡pero como me dolió pensar que la eternidad tiene un final! y que tú te ibas a desvanecer con el tiempo, en aquel bus de aquella estación, que sin mirar atrás se despidió con su cabello danzando en el aire de la brisa que se la llevo. Como el cigarrillo que desapareció, las ganas se me extinguen y las fuerzas se me apagan. No doy dos pasos y ya quiero devolverme tres. Y en cada esquina el corazón se agita y las tripas se remuerden como haciéndose campo, para el vacío que se filtra por el ombligo. No detengo mi caminar y me posee la curiosidad, la misma que permitió a Nietzsche espiar la entrepierna de pandora, la que cristo conocía gimiendo de placer en la cruz, la del Dios que duda de si mismo y responde con preguntas al infinito.

Un Dios que muere y una muerte existencialista, que cosa más ridícula que el dolor me de risa. ¡Que Dios no responde! ¡se ha pasado de drogas! que la fiesta eterna se ha quedado sin música. Que Jesús convirtió el mar en vino y se ha ido nadar, se intentó ahogar, pero las olas lo han hecho caminar. Por la superficie se tambalea de un lado al otro, como bailando con la cruz gravitando en el vacío. Giro en la esquina y doy en el mismo lugar, redimir el pasado en el futuro y estar condenado al presente inexistente, que se escapa cuando lo dejo de mirar, que me niego a caminar. Al tiempo no se le permite mirar atrás, eso pertenece a la imaginación que registro el corazón. De pronto mi cara bañada de lágrimas está y sumerjo mis recuerdos en licor, reaparecen en el fondo de la copa vacía del santo grial, del que bebí la dulce miel que se añejo. El llanto cesa cuando el dolor goza de su existencia, comienza la carrera y mis lágrimas dan reversa, como persiguiéndose una a la otra se esconden pudorosas, en la esquina del lagrimal, avergonzadas de su acto de presencia se quedan quietas, como esperando un suspiro que las desvanezca. Aferradas al ojo se niegan al despojo, prefieren testimoniar la imagen crepuscular de aquel paisaje invernal que pinto el más surrealista de los pesimistas, que no conforme con su tristeza coloreo el cielo con las de afuera. Pequeños puntos de luz compiten con las estrellas, y en un pesebre de cemento las luces intermitentes hacen un paralelo entre el cielo y la tierra.    

Mis manos heladas sobre el teclado, bordean los límites de la realidad, si el lenguaje es el pensamiento, cada letra tatuada en tu cuerpo es mi vocabulario, entre metáforas carente de sentido me confieso ante mis propios oídos, susurrando al viento gemidos de dolores reprimidos. Las ideas como piojos que mastican la superficie de la corteza cerebral, no me dejan pensar. Cada átomo tirita de ansiedad, no saber dónde rascarse y querer rasguñar la piel, tan profundo hasta el alma divisar y el espíritu poder tocar. Me empeño en recordar, lo primero que pensé al despertar: Era la imagen de una dulce mujer, con sus manos magulladas de tanto acariciar, con su pelo desordenado por la almohada, que se la ha pasado robándole cabellos, con su aliento de palabras de amor, que se pudren en su interior. Casida de amor, una puta en su corazón.           

La marihuana tiene mil caras

Es tan chistoso, virtualmente somos otros, te sientes distinta, un tanto como a mí

Creo que fumar por varios días seguidos me desequilibra un poco, me formatea un poco cosas muy simples

Fumé el miércoles después de una entrevista, un porro con la parcera, que me dejó reloco, me fui donde L con la weed que ella me regaló y fumé miércoles y jueves enteros con él

El jueves en la noche terminé de pegarlo con Sebastián y el otro amigo

El viernes me volví a ver con la parcera, hicimos un negocio, me dio unas cremas de marihuana y yo le hago un micrositio y como era de esperarlo, pegamos un porro enorme

Luego viajé muy happy

Ahora entenderás mis comportamientos de asombro ante lo cotidiano

Me encanta antes de empezar un nuevo camino, después o antes de cada giro, de cada escisión del camino, fumar yerba. Como que me limpia un poco para lo que ha de venir, por eso en los viajes soy tan marihuanero.


Estoy seguro que unx es lo que hace para ser junto con lo que ya es, es una suma, es el total, unx no es sólo lo que se es por sí mismx, claro, hay una esencia, pero uno no es sólo esa esencia, es esa esencia aplicada en algo, es como la marihuana en lo frío de un nevado o la marihuana en las playas del caribe, también como la marihuana entre la inconmensurable selva y la marihuana en la ciudad, no podía faltar.

¡Qué diferencia!

También yo soy distinto en cada lugar, y todos me hastían a determinada hora

¿Es posible que yo te hastíe?

Dime que tan cierto es lo que estoy sintiendo

Dime que tan cierto es lo que estoy sintiendo, que ya no te quiero pero quiero que me sigas queriendo. Me quieres si te quiero pero esto ya no es sincero. Me mientes cuando me dices que me quieres ¿Te quiero? Mejor ni me entero, no vaya ser que si te quiera. Querer es desear sin amar, y yo ya no sé lo que me espanta más. ¿Y si ya no puedo volver a amar? Prefiero con mi vida acabar. ¿Te mataras? No creo que las fuerzas me vayan alcanzar. Me agota pensar en un posible final. Nunca acabo de comenzar, esta historia no tiene final. Que si tú volverás, ningún dios lo sabrá. Déjame acabar ¿si me voy te va a importar? ¿Me vas a extrañar? O acaso ya me olvidaste, jamás le importaste. Tú lo acabaste, no tiene por qué recordarse. Se hace tarde, despedida faltante, no quiero decirte adiós, me rehusó a faltar en vos, se me ralentiza el corazón, olvido los latidos del reloj. Ya no sé lo que fuimos los dos, una bonita ilusión. Hechizo del amor para soportar la vida y el dolor. Te falta pensamiento y a mí un corazón nuevo, éste que tengo está viejo y cada día más negro. Tengo miedo de enamorarme de nuevo, duele quererte desde lejos donde no estás y no te tengo. Un pétalo suelto del tallo viejo, amargo sentimiento que corroe por dentro. Esto de tener un cucarrón come cerebros con los colmillos amarillentos. Son como bichos que se propagan por el alma y se nos tragan las entrañas. Es como si doliera en la sangre, como si el hambre siempre faltase. Como si tuviera agrieras de no haber comida una vida entera. Luego de que se sacian, se convierten en mariposas ensangrentadas.

Caminar hasta el cansancio abriendo trocha a cada rato. Por el frió asfalto me voy arrastrando, cargando un cuerpo hecho pedazos. Otra vez esa triste canción, que no canto pero sigo escuchando, como disco rayado en un mismo acto. Leo nuestra canción en la oscuridad y me imagino que no tiene final. Todas las tardes te suelo evocar en una tonada crepuscular. Los niños ya no suelen cantar la ronda de ingenuidad. Noches a solas con la luna hecha sombras. Tu recuerdo me trastorna, me sigue a todas horas. No estás hecha de carne sino del espacio donde solía refugiarme. Fantasías hecha pesadillas, despertarme antes de que te marches. Quiero desayunarte para que las mañanas no se hagan insoportables. Es que yo aún te sueño besándole el cuello, compartiéndole un beso en secreto, contándole un cuento que yo te conté hace tiempo. Imitando mis gestos en otro lienzo, borrando los besos que tatué en tu sexo. Penetro el espacio en el que no estás y tú a lo lejos con otro de placer gritaras. Me revuelco en mi soledad con las sabanas me intento ahorcar. Otra canción te van a dedicar, pero ésta que te canto jamás la podrás escuchar.  No la pienso volver a cantar, pues tú nunca la entenderás. Se trata de un poema que no se escribió, donde se esconde el verdadero amor. Debo cambiar de letra para vivir de otra manera, me vuelvo analfabeta escribiendo tanta mierda. Se me traba la lengua cuando quiero decirte lo que me inquieta. ¿Es verdad que no me piensas y que tú ya no me interesas? Que tu vida no imagino conmigo, te has desaparecido de mis escritos, se bifurcaron los caminos, se pierde el sentido. Busco razones de por qué te escribo, Tú anónima y Yo fugitivo.    

Estimas ajenas y propias

Todo son imaginaciones mentales, con el paso del tiempo se han vuelto más imaginaciones que realidad. ¿Serán acaso las malditas visiones? Las personas son menos de lo que suelen ser en nuestra mente. Es fácil, basta alguna vez, detenerse lo suficiente a capturar a la otra persona. Entre menos capturo las otras personas, más las recreo bonito en mi mente. Cada pieza faltante la estoy recreando en generosidad de cualidades, cualidades que no existen. Pero este ejercicio no es fácil ni gratuito, cuesta en la medida en que, valorar fuerte o realmente a los demás también es una valoración real y fuerte sobre uno mismo ¡Pam! Un decrecimiento de la estima propia, que cae tan pronto en proporción a la caída de las valoraciones ajenas. Todo esto lo emprendí siendo juez sobre mis prójimos y me terminé ajusticiando cruelmente.
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